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martes, 21 de abril de 2015

BURGOS. Santa Gadea



ROMANCE DE LA JURA DE SANTA GADEA.
JURAMENTO QUE TOMÓ EL CID AL REY.


Año 1072, en la iglesia de Santa Gadea de Burgos,
Alfonso VI, rey de Castilla y León,
hubo de jurar ante Rodrigo Díaz de Vivar
que no había tomado parte en la muerte de su hermano,
Sancho II de Castilla,
quien fue asesinado ante los muros de Zamora en 1072.


En Santa Gadea de Burgos
do juran los hijosdalgo,
allí toma juramento
el Cid al rey castellano,
sobre un cerrojo de hierro
y una ballesta de palo.
Las juras eran tan recias
que al buen rey ponen espanto.


—Villanos te maten, rey,
villanos, que no hidalgos;
abarcas traigan calzadas,
que no zapatos con lazo;
traigan capas aguaderas,
no capuces ni tabardos;
con camisones de estopa,
no de holanda ni labrados;
cabalguen en sendas burras,
que no en mulas ni en caballos,
las riendas traigan de cuerda,
no de cueros fogueados;
mátente por las aradas,
no en camino ni en poblado;
con cuchillos cachicuernos,
no con puñales dorados;
sáquente el corazón vivo,
por el derecho costado,
si no dices la verdad
de lo que te es preguntado:
si tú fuiste o consentiste
en la muerte de tu hermano.


Las juras eran tan fuertes
que el rey no las ha otorgado.
Allí habló un caballero
de los suyos más privado:

—Haced la jura, buen rey,
no tengáis de eso cuidado,
que nunca fue rey traidor,
ni Papa descomulgado.



Jura entonces el buen rey
que en tal nunca se ha hallado.
Después habla contra el Cid
malamente y enojado:

—Mucho me aprietas, Rodrigo,
Cid, muy mal me has conjurado,
mas si hoy me tomas la jura,
después besarás mi mano.


—Aqueso será, buen rey,
como fuer galardonado,
porque allá en cualquier tierra
dan sueldo a los hijosdalgo.



—¡Vete de mis tierras, Cid,
mal caballero probado,
y no me entres más en ellas,
desde este día en un año!

—Que me place —dijo el Cid—.
que me place de buen grado,
por ser la primera cosa
que mandas en tu reinado.
Tú me destierras por uno
yo me destierro por cuatro.


Ya se partía el buen Cid
sin al rey besar la mano;
ya se parte de sus tierras,
de Vivar y sus palacios:
las puertas deja cerradas,
los alamudes echados,
las cadenas deja llenas
de podencos y de galgos;
sólo lleva sus halcones,
los pollos y los mudados.
Con el iban los trescientos
caballeros hijosdalgo;
todos son hombres mancebos,
ninguno no había cano;
los unos iban a mula
y los otros a caballo;
todos llevan lanza en puño,
con el hierro acicalado,
y llevan sendas adargas
con borlas de colorado.
Por una ribera arriba
al Cid van acompañando;
acompañándolo iban
mientras él iba cazando,
mas no le faltó al buen Cid
adonde asentar su campo.

 

sábado, 6 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, I




MUERTE DEL REY DON FERNANDO EN EL CASTILLO DE CABEZÓN,
A UNA JORNADA DE VALLADOLID

Catedral de Zamora

Doliente estaba, doliente,
ese buen rey don Fernando;
los pies tiene cara oriente
y la candela en la mano.


A su cabecera tiene
arzobispos y perlados.


A su man derecha tiene
los sus hijos todos cuatro:
los tres eran de la reina
y el uno era bastardo.


Ese que bastardo era,
quedaba mejor librado:
abad era de Sahagun,
arzobispo de Santiago,
y del Papa cardenal,
en las Españas legado.


—Si yo no muriera, hijo,
vos fuérades Padre Santo,
mas con la renta que os queda,
bien podréis, hijo, alcanzarlo.

 

viernes, 5 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, II




LA INFANTA DOÑA URRACA VA A CABEZÓN
A QUEJARSE AL REY SU PADRE.
EL REY DON FERNANDO DA ZAMORA A SU HIJA DOÑA URRACA


—Morir vos queredes, padre,
¡San Miguel vos haya el alma!


Repartistes vuestra tierras
a quien se vos antojara:


Diste a don Sancho Castilla,
Castilla la bien nombrada;
a don Alfonso León,
con Asturias y Sanabria;
a don García Galicia,
con Portugal la preciada.


¡Y a mí, porque soy mujer,
dejáisme desheredada!
Irme he yo de tierra en tierra
como una mujer errada;
mi lindo cuerpo daría
a quien bien se me antojara,
a los moros por dinero
y a los cristianos de gracia;
el dinero que ganare
lo emplearé por tu alma.


Allí preguntara el rey:
—¿Quién es esa que así habla?
Respondiera el arzobispo:
—Vuestra hija doña Urraca.


—Callades, hija, callades,
no digades tal palabra,
que mujer que eso dijera
se merece ser quemada.


Allá en tierra leonesa
un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre,
Zamora la bien cercada,
de un lado la cerca el Duero,
del otro peña Tajada,
del otro la Morería;
una cosa muy preciada.


¡Quien vos la quitare, hija,
la mi maldición le caiga!
Todos dicen: "Amen, amen",
sino don Sancho que calla.

jueves, 4 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, III




EL REY DON SANCHO PONE CERCO A ZAMORA.
DOÑA URRACA RECUERDA AL CID CUANDO SE CRIABA CON ELLA
Y FUE ARMADO CABALLERO EN LA IGLESIA DE SANTIAGO


Don Fernando apenas muerto,
Zamora ya está cercada,
de un lado la cerca el rey,
del otro el Cid la apremiaba.


Del lado que el rey la cerca
Zamora no sufre nada;
del lado que el Cid la aqueja
Zamora ya se entregaba;
corren las aguas del Duero
tintas en sangre cristiana.


Habló el viejo Arias Gonzalo,
el ayo de doña Urraca:
-Vámonos, hija, a los moros,
dejad a Zamora salva,
pues vuestro hermano y el Cid
tan mal os desheredaban.


Doña Urraca en tanta cuita
se asomaba a la muralla
y desde una torre mocha
el campo del Cid miraba
y desde allí le decía:


-¡Afuera, afuera, Rodrigo,
el soberbio castellano!
Acordarte deberías
de aquel buen tiempo pasado
que te armaron caballero
en el altar de Santiago,
cuando el rey fue tu padrino,
y, tú, Rodrigo, el ahijado;
mi padre te dio las armas,
mi madre te dio el caballo,
yo te calcé espuelas de oro
porque fueses más honrado,
pensando casar contigo.
¡No lo quiso mi pecado!
Te casaste con Jimena,
hija del conde Lozano;
con ella hubiste dineros,
conmigo habrías estados;
dejaste una hija de rey
por tomar la de un vasallo.


Al oír esto Rodrigo,
volvióse mal angustiado:
-¡Afuera, afuera los míos,
los de a pie y los de a caballo,
pues de aquella torre mocha
una lanza me han tirado!
No traía el asta hierro
el corazón me ha pasado;
¡ya ningún remedio siento,
sino vivir más penado!

miércoles, 3 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, IV




VELLIDO DOLFOS SALE DE ZAMORA,
CON FALSEDAD SE HACE VASALLO DEL REY DON SANCHO
Y LE DA MUERTE


Sobre el muro de Zamora
vide un caballero erguido;
al real de los castellanos
da con grande grito:
-¡Guarte, guarte, rey don Sancho,
no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora
un alevoso ha salido.
Vellido Dolfos se llama,
hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre,
mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho,
y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho,
no digas que no te aviso.


Gritos dan en el real:
-¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos;
gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto,
metióse por un postigo;
por las calles de Zamora
va dando voces y gritos:
-¡Tiempo era, doña Urraca,
de cumplir lo prometido!