Mostrando entradas con la etiqueta Vellido Dolfos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Vellido Dolfos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, IV




VELLIDO DOLFOS SALE DE ZAMORA,
CON FALSEDAD SE HACE VASALLO DEL REY DON SANCHO
Y LE DA MUERTE


Sobre el muro de Zamora
vide un caballero erguido;
al real de los castellanos
da con grande grito:
-¡Guarte, guarte, rey don Sancho,
no digas que no te aviso,
que del cerco de Zamora
un alevoso ha salido.
Vellido Dolfos se llama,
hijo de Dolfos Vellido,
si gran traidor fue su padre,
mayor traidor es el hijo;
cuatro traiciones ha hecho,
y con ésta serán cinco!
Si te engaña, rey don Sancho,
no digas que no te aviso.


Gritos dan en el real:
-¡A don Sancho han mal herido!
¡Muerto le ha Vellido Dolfos;
gran traición ha cometido!
Desque le tuviera muerto,
metióse por un postigo;
por las calles de Zamora
va dando voces y gritos:
-¡Tiempo era, doña Urraca,
de cumplir lo prometido!

 

martes, 2 de septiembre de 2014

ZAMORA. Romances del cerco de Zamora, V




LOS CASTELLANOS LLORAN LA MUERTE DE DON SANCHO

Castillo de Zamora

Muerto yace el rey don Sancho,
Vellido muerto le había;
pasado está  de un venablo
que a la tierra le cosía.


Llorando están a par de él
obispos y clerecía;
llórale la hueste toda,
ricos hombres de Castilla.


Don Rodrigo de Vivar
es el que más lo sentía:
-Rey don Sancho, rey don Sancho,
muy aciago fue aquel día
en que cercaste a Zamora
contra la voluntad mía.
La maldición de tu padre
en mal hora se cumplía.


Levantóse Diego Ordóñez,
que a los pies del rey yacía;
la flor es de los de Lara
y lo mejor de Castilla:


-Que se nombre un caballero,
antes que se pase el día
para retar a Zamora
por tan grande alevosía.


Todos dicen que es muy bien,
mas nadie al campo salía;
mirando estaban al Cid
por ver si el reto él haría;
mas el Cid, que los entiende,
desta manera decía:


-Yo me armé contra Zamora,
pues don Sancho lo quería;
muerto mi señor el rey,
juré de no combatirla;
grande deudo he con la infanta,
quebrantarlo no podía.


Allí hablara Diego Ordóñez
lleno de melancolía:
-Mal habéis jurado, Cid,
lo que jurar no debíais.