sábado, 26 de noviembre de 2011

SAN JUAN DE LA PEÑA, V




La primera mención literaria del Grial
aparece hacia 1180
en el romance Li Contes del Graal,
El cuento del Grial (o Perceval),
del poeta francés Chrétien de Troyes.

En ese “cuento”, que quedó inacabado,
seguramente por muerte del poeta,
se narra la historia de Perceval.


El protagonista del relato es un muchacho de ilustre linaje
que ha vivido aislado, en la Yerma Floresta Solitaria,
fortaleciéndose físicamente con la práctica de la caza,
pero sin más contacto con el exterior
que la relación con su madre, la Dama Viuda.
Esta dama, para evitar el destino fatal
del que habían sido víctimas su marido y otros dos hijos,
lo ha mantenido ignorante del mundo
y, sobre todo, alejado de los peligros de la caballería.
Pero un día Perceval contempla el espectáculo insólito
de unos caballeros que pasan cerca de su casa,
queda fascinado por su porte
y decide marchar tras ellos a la corte del rey.


Se cuceden las aventuras.
En una de ellas,
Perceval es invitado a cenar por el Rey Pescador
(en francés: pêcheur / pécheur: pescador / pecador)
en un castillo.
En mitad de la cena
una misteriosa procesión atraviesa la sala.
En el centro de la procesión va una doncella
que transporta “un grial”:
Ésta es la primera aparición literaria del Grial.
El cortejo del Grial:

«Una bella y noble doncella,
lujosamente ataviada,
que acompañaba a los pajes,
sostenía un grial entre sus manos.
Cuando hubo entrado allí
con el grial que sostenía,
se hizo tal claridad
que desapareció la luz de las candelas
como ocurre con las estrellas
cuando el sol o la luna se levantan».
(vv. 3180 - 3189)

Perceval permanece absorto ante la procesión.
No pregunta.
Al faltarle el ímpetu necesario
para preguntar al Rey Pescador por el sentido del ritual,
deja pasar la oportunidad.
No pregunta a quién se sirve con aquel “grial”.

El Rey Pescador ha resultado ser el Rey Herido,
lastimado en la pierna por una lanzada,
incapacitado por una herida que no cicatriza.
El Rey, custodio del Grial, está inválido,
quizás sexualmente mutilado,
y como consecuencia de ello
ha sido injustamente desposeído de sus tierras.
El Rey está herido
y con él su país, otrora fértil, ha quedado estéril,
el reino languidece,
la tierra se ha convertido en una extensión desolada, baldía,
sumida en el olvido y la ruina.
La salud del Rey es la fertilidad del reino;
un Rey Tullido es un Rey incapacitado para gobernar;
su impotencia, su lesión,
es la causa de la esterilidad de su reino,
convertido en la Tierra Desolada.

El Rey habría recuperado salud y feudo
si Perceval hubiese formulado la pregunta
sobre el sentido de la procesión y el destino del “grial”.

Pero Chrétien no concluyó su historia,
y así el significado del cuento quedó sin desvelar.


***


Poco después, otro poeta francés, Robert de Boron,
proyectó una serie de obras versificadas
con el título Los libros del Grial,
de las que se conserva sólo
la primera y parte de la segunda,
aunque pronto se prosificaron,
y esas prosificaciones sí se conocen.

En la obra de Boron aparece por primera vez
la Mesa del Grial,
en representación de la Mesa de la Última Cena.


A ella se sientan doce personas,
pero hay un decimotercer asiento,
el denominado Asiento Peligroso,
que permanece siempre vacío.
Es el lugar reservado para el Iniciado,
reservado a quien, puro de corazón, logra sentarse en él
- a riesgo de perder su vida, tragado por la tierra -.
Aquéllos que lo ocupan sin estar a la altura de su dignidad,
perecen.
Sentarse en él es la prueba que designa al Elegido,
al destinado a encontrar el Grial.

En el tercer libro, Perceval-Didot,
que tal vez ni siquiera escribiera Robert de Boron,
Perceval, el Elegido, restablece la vida en el reino,
después de una primera infructuosa visita
al castillo del Rey Pescador (la narrada por Chrétien),
de haber hecho penitencia
y de haber sido instruido en los Misterios del Grial.


***


En el siglo XIII, un monje cisterciense anónimo
llevó a cabo una reelaboración del tema
en un conjunto de cinco textos en prosa
que constituyen la llamada Vulgata.

El tercero está protagonizado por Lancelot, Lanzarote.
Éste, tras vivir múltiples aventuras,
llega al castillo donde se guarda el Vaso Santo.
Buen caballero, Lanzarote fracasa sin embargo
en su intento de conocer los Misterios del Grial,
cegado como está por su adulterio.
Pero en esa visita engendra
- creyendo yacer con Ginebra,
pero hechizado con una pócima –
a quien sí lo conseguirá:
Galahad, el caballero perfecto, puro y casto
como no lo había sido su padre.

En el cuarto libro, La búsqueda del Santo Grial,
Galahad llega a la corte,
arranca la espada clavada en la piedra
y se sienta sin problemas en el Asiento Peligroso.

Todos los caballeros de la Mesa Redonda, y otros muchos,
parten en busca del Santo Grial,
pero al final del camino quedan sólo tres:
Bohors, Perceval y Galahad.

Galahad, el caballero perfecto,
es el único al que se permite contemplar el Grial.
Recibe en éxtasis la revelación del último secreto del Grial
y muere.

Bohors regresa para contar lo ocurrido.

Perceval vuelve al castillo del Rey Pescador.
Después de su primer fracaso
y tras haber vagado durante años,
encuentra de nuevo el camino al castillo del Rey Herido,
a quien consigue curar tras plantearle la pregunta:
“¿A quién sirve el Cáliz?”.
La respuesta revelada es: “Al Rey mismo”.
La sanación del Rey hace florecer la Tierra Desolada.
Perceval ocupa su puesto como guardián del Grial.


***


Hacia 1230, medio siglo más tarde que Chrétien,
el trovador germano Wolfram von Eschenbach
escribió su Parzival.

El poeta germano parte de la versión de Chrétien,
pero crea un texto nuevo.
Wolfram von Eschenbach explica que la historia del Grial
se la ha transmitido el maestro provenzal Kyot,
que la leyó en un texto que encontró en Toledo,
un manuscrito arábigo, escrito por el sabio Flegetanis,
en el que se narraba la aventura de Parsifal.


Cuenta el trovador:
En medio del bosque se alza un monte
que nadie puede encontrar
a menos de ser guiado a él por ángeles,
el monte defendido, el monte custodiado.
Es el Montsalvatsche, o Montsalvat,
en las Tierras de Salvatsche.
«La vía que conduce a él está llena de combates».


En la narración de Eschenbach,
el Grial se halla custodiado
por una cofradía de guerreros, castos y puros,
a quienes Wolfram llama templeisen:

«Valerosos caballeros tienen como morada Montsalvat,
en los confines del noreste de España,
donde se custodia el Grial.
A menudo se marchan lejos en busca de aventuras.
Viven de una piedra cuya esencia es toda pureza».

Eran los Caballeros de San Juan de la Peña,
guerreros que luchaban en la Cruzada hispana
y que en San Juan se encomendaban a Dios.
Los Caballeros del Grial recibían el influjo místico del Cáliz
que los hacía inmunes al mal
e invencibles en la lucha en defensa del bien.


Eschenbach describe el Grial como una piedra mágica
(lapis exilis).

De hecho, fue en San Juan de la Peña
donde se añadieron el pie y las asas a la copa de ágata
que fue en un primer momento el Santo Vaso.
La copa inicialmente era, pues, una “piedra preciosa”;
una piedra rojiza y brillante.
Un cáliz de radiante piedra
custodiado en un templo de roca húmeda.


Reyes del Grial fueron en el poema de Eschenbach
Titurel, Frimutel, Amfortas y Parzival.
Reyes “abades”, jefes de los Caballeros del Grial.

Titurel derrotó a los paganos
y fundó el templo de Montsalvat,
cerca del bosque de Salvatierra,
donde, para custodiar la Santa Copa,
instituyó la Caballería del Templo.

Parsifal, tras vagar por el mundo realizando proezas,
en un proceso de maduración,
finalmente es coronado en el castillo del Grial,
el castillo de Montsalvat.


Dice Wolfram:
«Sucede a veces que un reino se encuentra sin señor.
Si el pueblo de ese reino desea un rey
elegido entre la legión del Grial,
ese deseo es satisfecho».

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